Casi desdibujando mi propia existencia como un suspiro profundo llegaron a inundarme nuestras sensaciones...las mias y las tuyas que lograron ese choque perfecto en un ir y venir de nosotros y de nuestras palabras,latidos,ahogos,miedos,dudas,negaciones,deseos,odios,amores, al vaiven de nuestro propio juego nos descubrimos llevándonos hacia el extremo
y te pensé de tantas maneras
y estuviste conmigo todo el día...
y estás,y no te veo pero te miro,
y no te toco pero te siento
y no me miras pero me ves
y no me tocas pero te siento acariciarme
quien se apoderó de quien...?
y después?
no manejamos los después...ni las muchas preguntas arrojadas al aire...
cerrá los ojos...respirame...nada más...
para que más...
despacio...suavemente...
te regalo este hoy!
sábado, 17 de diciembre de 2011
martes, 1 de noviembre de 2011
jueves, 1 de septiembre de 2011
Instrucciones para elegir en un picado / Alejandro Dolina
Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo se reúnen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quiénes integrarán los dos bandos.
Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternadamente a sus futuros compañeros. Se supone que los más diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos.
Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances. El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida. Sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advertirán su decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada.
Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían ciertas cualidades.
Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos más queridos. Por eso elegía a los que estaban más cerca de su corazón, aunque no fueran tan capaces.
El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico. Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.
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